18 de noviembre de 2015

José ayllón... Poeta Español



Hace treinta años. 
 

Caminando por la playa
una noche fría y serena
dejaban huellas pérdidas
mis pasos sobre la arena.

 

Como todos los viernes allí estaba, en el lugar que nos despedimos, en el lugar que aquel  fatídico viernes me contaste que el diagnóstico del médico sobre tu salud había sido desastroso. Me lo explicaste con tal naturalidad que creí que bromeabas.

 Hacía escasamente una hora que habías hablado con el Doctor. Fuiste lacónica como un parte de guerra y sentada sobre tu toalla, abrazando tus piernas recogidas, mirando a la luna me dijiste: “Cuando me vaya de aquí estaré allí“, dibujando tu cara una leve sonrisa  ¿Vendrás a verme?, me preguntaste.

 Todos los viernes volvimos. Y seis meses después, en ese trocito de playa que era más nuestro que de nadie, extendiste tu toalla en la arena y me pediste que te abrazara. Nos quedamos dormidos. Con ese sueño que da la felicidad. Cuando desperté tu cuerpo casi frío estaba entre mis brazos.

 Veinte años hacía ya de tu silenciosa despedida. Y allí estaba como todos los viernes, pero no sé por qué escribí estos versos sobre la arena.

 

Estaba mi alma tan triste
tan exuberante de pena,
que tú para mí escribiste
estos versos en la arena

No estés triste vida mía,
no quiero que sientas pena.
Que la vida es hermosa,
y nuestra alma eterna.

De regreso a mi casa,
la noche de estrellas llena,
unas huellas junto a las mías
surgían sobre la arena.

 

 Solos, tú y yo. Versos sueltos

 
En la nube de mi  memoria
henchida de recuerdos,
recuerdos que se diluyen 
y se funden con los sueños.


De tormentas y vendavales,
de relámpagos y truenos,
de sueños sin despertar
y despertares sin sueños

 Donde se desnuda mi alma
sin temores y sin miedos.
Donde subo a la gloria.
Donde bajo a los infiernos.

Donde solos, tú y yo
cruzamos nuestros aceros
y negociamos la paz
y pactamos los términos.

 Porque todo tiene sentido,
si luchamos para entendernos.

 

Tal vez. Versos sueltos

 
Cuando la última luz del día
se hunde y languidece,
oscuras nubes sombrías
invaden el firmamento.
La lluvia con fuerza arrecia,
a ráfagas sopla el viento.

Cabalga la más temida,
la invencible, la indomable.
Su mirada vacua y fría,
despiadada, imparable.
Enarbola su guadaña,
afilado estandarte.

Y estalla la tormenta,
la dama entra en la calle.
Descabalga ante mi puerta
su negra melena al aire.
Desde aquí parece atractiva,
Sonríe; es elegante.

 Tal vez me cité con ella.
Tal vez, venga a buscarme.

 

Ahora… Versos sueltos

 
Ahora que mi cobarde valentía
no la busco en los rincones,
ni me encuentro en los cajones
mi estúpida melancolía.

 
Ahora que mis decepciones
vagan en la eterna lejanía,
Y una primavera impía
enardece mis pasiones.


Ahora que mi alma de vacaciones
en tu cuerpo de poesía,
se pierde entre sus renglones.

En ti nacen mis ilusiones.
Me alegro con tu alegría.
Te amo, sin condiciones.

 

Momentos. Versos sueltos

 
Tiempo de dudas,
perdido entre recuerdos,
de ilusiones y de esperanzas.
De equívocos y desaciertos,
de juegos, de primaveras,
de piratas y vaqueros.
De héroes y heroínas,
de gritos;  de silencios.

 
Felicidad, tú danzabas
y vivías en mis sueños.
Como la luz me envolvías
elevándome a los cielos.
Días de lunas llenas,
noches de soles intensos.
Tiempo de lluvias,
tiempo de momentos.
Momentos que nunca olvidas

porque son sentimientos.

 

Principio. Versos sueltos
 

Sublime y maravilloso momento,
ingenua y divina singularidad,
nacida de afortunada casualidad,
pirueta entre el error y el acierto.

Complejo y extraño laberinto,
partícula perdida en la inmensidad.
Fugaz  y luminosa oscuridad,
espacio delicado e incierto.

Cerrado habitáculo secreto,
necia y sofisticada ubicuidad,
amalgama de bondad y maldad,
capaz de amar, mágico talento. 

 

Silencio. Versos sueltos

 
Calma, mar insolente
tus ímpetus vanidosos.
Que no quiero oír
tus bramidos lastimosos.

 Amaina, lluvia furiosa,
tus bailes sobre mis tejados.
Que no quiero oír
tus vertiginosos pasos
 
Callad, campanas de bronce,
sonajeros metálicos.
Que no quiero oír
sonoros ecos lejanos

Solo necesito silencio,
su voz, sus risas, sus pasos.
Y recordar su mirada,
y recordar sus abrazos

Solo necesito silencio,
esperar desesperado.
Cubrir su caja con tierra
y morirme en el pasado.

 

La espera

 
En el límite de tu mar, bella sirena,
sentado en la roca dura y fría,
con mis pies en la húmeda arena,
desconsolado mi corazón latía.

 
En aquella playa muda y desierta,
desesperado, esperé noche y día
que a la luz de la luna llena
tu mirada se cruzara con la mía.

 
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